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El Nilo Azul y los lagos de Etiopía

Etiopía no es el país que algunos periodistas muestran al mundo civilizado, árido y polvoriento. Hay desiertos, claro, pero también inmensos lagos. El más grande es el lago Tana, donde nace el Nilo Azul.

El Nilo está formado principalmente por dos grandes afluentes: el Nilo Blanco y el Azul; ambos se juntan en Sudán y fluyen hacia Egipto, país que históricamente ha monopolizado el uso de sus aguas sin ceder nada de su riqueza a los países por los que atravesaba. Se podía lavar la ropa, bañarse o llenar los bidones de plástico tan apreciados en África, pero de ningún modo establecer regadíos ni aprovechar para crear energía hidráulica. Hasta hace unos años, el Nilo Azul formaba una catarata descomunal en su caída por una pared de roca de casi 50 metros. Los antiguos viajeros la llamaron «humo del Nilo» y la describieron como la más bella del continente. Tras muchos años de lucha, los etíopes han logrado aprovechar este salto para generar la electricidad que tanto necesitan y merecen. Es el progreso. Por eso, hoy, la antaño espectacular catarata parece un chorrillo. Eso sí, sigue teniendo 50 metros de caída.

El lago Tana está a 1.800 metros de altitud, es el más grande de Etiopía, con casi 90 km de largo y 65 km de ancho. Tiene una profundidad media de 14 m. Alberga a 26 especies distintas de peces, 17 endémicas.

Pero lo más fascinante de este lago es que en sus islotes y penínsulas hay una veintena de bellísimos y recónditos monasterios, mayoritariamente de los siglos XIV, XV y XVI, donde viven y celebran sus cultos unos cuantos monjes cristianos. Todos se pueden visitar, pero en algunos de ellos la entrada está prohibida a las mujeres.

Los monasterios son lugares de paz, rodeados de vegetación, donde solo se escuchan multitudes de aves. Merece la pena ir recalando en todos los que se pueda, y siempre encontraremos un monje deseoso de contarnos su vida, mostrarnos el templo y describirnos con detalle las escenas de las pinturas que decoran sus paredes o mostrarnos sus tesoros.

Hay otros muchos lagos de considerable tamaño y profundidad. Algunos, como ya hemos visto en otras entradas de este blog, en vez de tranquilos monasterios tienen cocodrilos e hipopótamos, pero también parecen pacíficos.

Otros, como el lago Langano, sorprenden por su aire turístico, con modernas instalaciones hoteleras y posibilidad de practicar deportes de agua.