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Hoi An, en el centro de Vietnam

Los turistas saben lo que hacen, por eso Hoi An, en el centro de Vietnam, es una de las ciudades más visitadas. Ningún viajero puede perderse este maravilloso lugar.

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Una pareja de turistas por el centro de Hoi An.

Hoi An representa un respiro acústico dentro de las ruidosas ciudades de Vietnam. En un puñado de calles está prohibida la circulación con vehículos de motor. Solo se pueden recorrer a pie o en bici. Aunque, por supuesto, también pasan motos porque viven justo allí, porque tienen que llevar peso, porque hay que recoger a los niños del colegio, porque es solo un momentito y porque sí. Los vietnamitas siempre encuentran un pretexto para montarse en la moto.

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Casona con el color característico de Hoi An.

El centro histórico de Hoi An es Patrimonio de la Humanidad. Cuenta con 884 edificios protegidos, algunos restaurados y otros por restaurar. Hoi An vive principalmente del turismo, así que a sus habitantes no les queda más remedio que lavarse la cara y estar presentables para la foto.

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Fachada de uno de los muchos templos de Hoi An.

Lo normal en Hoi An es alquilar una bicicleta, que podremos ir dejando a la puerta de cada sitio de interés, o bien patearnos la ciudad, abarcable en su núcleo más interesante. Conviene adquirir uno o dos tiques que permiten visitar cinco monumentos cada uno y, si se tiene tiempo, sacar algún otro individual. Hay mucho que ver: templos, pagodas y capillas, espectaculares casas de comerciantes, edificios públicos, pequeños museos…

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Un turista se fotografía frente a la Fuente del Dragón.

La religión en Vietnam

Los vietnamitas son muy libres en su religión, incluso para no ser religiosos. La mayoría se declara budista. Vietnam tiene una gran influencia china, país vecino al que ha pertenecido y que siempre ha amenazado con volver a merendárselo, de ahí que los templos tengan decoraciones muy coloridas y un cierto aire todo a cien.

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Pagoda de Chuc Thanh, en Hoi An.

Puede que uno piense que pagodas y templos son todos iguales, pero con una buena guía disfrutará de las diferencias y encontrará elementos diferenciadores. No es cierto que visto uno, vistos todos, ni mucho menos; igual que la catedral de Burgos no es igual que la de León.

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Turistas haciéndose fotos delante de las típicas casas de Hoi An.

El pasado de Hoi An está presente

Muchas casonas históricas conservan su mobiliario antiguo. Hoi An fue un puerto muy importante del que salían mercancías para Tailandia e Indonesia. Estos edificios pertenecieron a mandarines y ricos comerciantes chinos, establecidos aquí cuando la dinastía Ming fue derrocada.

Además de lugares de interés histórico y cultural, abundan, claro, las tiendas de souvenirs en las que los turistas pueden comprar desde baratijas a verdaderas obras de arte o refinadas piezas de carísima artesanía.

Uno de los sitios con más turistas por metro cuadrado es el Puente Japonés. Se construyó en el siglo XVI para comunicar el barrio chino con el japonés y salvar así el pequeño afluente del voluble río Thu Bon. Es un puente cubierto, con la leyenda de ser indestructible y la realidad de haberse librado de incendios y de terribles batallas. Su interior es de madera y dentro hay un templo pequeñito. El puente también viene a ser una especie de photocall para todas las parejas en el día de su boda.

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El Puente Japonés.

Las dos márgenes del río Thu Bon están siempre muy animadas, con pequeños barcos de pescadores que van y vienen de sus quehaceres, embarcaciones para turistas y una instalación que muestra artes de pesca antiguas. También en muchas casas pueden verse las marcas de hasta dónde ha llegado el agua en las inundaciones que sufre Hoi An un año sí y otro también.

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El río Thu Bon.

En el viaje a Vietnam, conviene dedicar a la visita de Hoi An al menos un día completo, porque aunque es una ciudad pequeña, tiene muchos lugares de los que disfrutar y buenos restaurantes en los que sorprenderse con la sofisticada cocina vietnamita.

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Anochecer con luna en Hoi An.

La bahía de Ha Long, en Vietnam

La bahía de Ha Long, en Vietnam, es uno de esos sitios que aparecen siempre en las recopilaciones del tipo «Los 100 lugares más maravillosos del mundo», «Las 50 joyas que no debes perderte», «25 viajes imprescindibles», etc., etc. Y sí, es para tanto.

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Pescadores con sus redes en la bahía de Ha Long

Ha Long significa «descenso del dragón». Los vietnamitas, muy dados a las leyendas, afirman que la belleza de este lugar tiene su origen en la carrera alocada de un dragón. El mítico animal debió de entrar en el agua como un elefante en una cacharrería, y aunque su intención fue la de aplacar las corrientes marinas, en su inmersión destrozó a coletazos la montaña que tenía a sus espaldas. Así que ahora hay más de 2.000 islotes extraños, generalmente pequeños y muy elevados, con abundante vegetación y numerosas cuevas, desperdigados aquí y allá.

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Cueva iluminada al gusto vietnamita.

La bahía de Ha Long es Patrimonio de la Humanidad, pero, como casi todo en este planeta, está amenazada por la contaminación, la desaparición de los manglares, la sobreexplotación pesquera, la industrialización de las zonas próximas y la afluencia masiva de turistas.

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Trasladar turistas de un lado a otro es un medio de vida muchos habitantes de la zona.

Hasta hace unos años, para transportar a los turistas se utilizaban unos juncos con unas curiosas velas marrones, como alas de insectos, pero un accidente mortal en 1999 hizo que se prohibieran y se sustituyeran por barcos, siempre pintados de blanco, con motor. Sin embargo, internet y las webs de las agencias de viajes mantienen sus fotos con esas embarcaciones idílicas de las que no queda ni rastro.

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Barcos de turistas actualmente permitidos en la bahía de Ha Long, siempre pintados de blanco.

Alrededor de la impresionante bahía de Ha Long, hay complejos de vacaciones, numerosos hoteles y horrorosas promociones inmobiliarias. Eso sí, como en Vietnam la naturaleza es pródiga, la mano del hombre pasa más inadvertida.

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Turistas dejando constancia de su paso por la bahía de Ha Long.

La visita a la bahía se hace prácticamente siempre de forma organizada. Hay multitud de empresas y hoteles que ofertan distintos paquetes: de un rato, una jornada, dos, tres… Ojo, porque no hay internet, así que si uno elige permanecer a bordo por tiempo prolongado, probablemente sufrirá un síndrome de abstinencia.

Ha Long suele ser como una balsa de aceite, aunque también se dan los días de fuerte viento.

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Gente disfrutando de los paisajes sorprendentes de la bahía.

En las estancias organizadas a bordo de un barco, aparte de hartarse de ver el paisaje, que es lo mejor que se puede hacer, es posible contratar excursiones a cuevas, remar en kayacs o acudir a poblados flotantes de pescadores.

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Una habitante de un poblado construido sobre el agua.

En la bahía de Ha Long vive gente con pocos recursos, que tienen sus escuelas, tiendas, dispensario médico… sobre el agua. Su principal fuente de ingresos es la pesca. Pero también muchas mujeres mantienen sus barcas siempre dispuestas para llevar y traer a los turistas de un pueblo a otro, de esta playa a la de más allá, de una cueva interesante a otra inexistente.

En Vietnam llueve mucho, pero como es lógico no cae a gusto de todos. Así, mientras unos ven en los turistas su mejor fuente de ingresos, otros los sufren y se quejan de que tantos barcos llenos de mirones acaban con su pesca.

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Barqueras para turistas. Al fondo, un pueblo sobre el agua.

La bahía de Ha Long es un lugar hermosísimo. Si uno puede ir, no debe perdérselo, y mejor si es en verano, así podrá disfrutar de días soleados, y hacer fotos con buena luz, y no como me pasó a mí: todo el tiempo lloviendo y con niebla.

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Para algunas familias su barco es su único hogar.

Las motos en Vietnam

Dicen que los niños nacen con un pan debajo del brazo, pero los vietnamitas vienen al mundo con una moto bajo las piernas.

Motos en Vietnam - Ana Cañizal

Vietnam tiene el récord Guinness en la proporción de motos por habitante. Eso pone en Internet, no sé si será verdad ni si los Récord Guinness valen para algo más que para escribir frases de este tipo, pero diga lo que diga Guinness es imposible imaginar tantas motos juntas hasta que llegas a Vietnam: paradas y circulando, a todas horas y en todas las calles.

No sin mi moto

Los vietnamitas no caminan, se desplazan en moto exclusivamente. No está claro si la gente no puede andar porque las aceras están llenas de motos aparcadas o si hay tantas motos porque la gente no quiere ir andando ni a la vuelta de la esquina.

Motos en Vietnam - Ana Cañizal

El objetivo de todo vietnamita es poseer una moto, y si es de la marca Honda, mejor que mejor. Cuando no puede ser, vale Yamaha. A las mujeres también les gusta la Vespa porque así no se ensucian los zapatos, sobre todo en época de lluvias.

La mayoría de la gente tiene scooters y motos de poca cilindrada que utilizan para salir en familia los fines de semana, para llevar y recoger a los niños del colegio, para hacer la compra, para trabajar y para transportar todo tipo de objetos. Esas imágenes graciosas que nos llegan a nuestro correo de motoristas que transportan una nevera, un ataúd, cien mil cestas, veinte sacos de patatas… no son un fotomontaje.

Motos en Vietnam - Ana Cañizal

Hombres y mujeres, respetables abuelas, decrépitos ancianos y chicas con tacón de aguja conducen motos por igual. Para ellos es un artículo de primera necesidad. Así que si alguien os dice que Hanoi es la ciudad de las bicicletas, es que hace mucho que no va por allí; hoy quedan realmente pocas.

Motos en Vietnam - Ana Cañizal

En Saigón hay siete millones de motos para nueve millones de habitantes. En Hanoi, la segunda ciudad más importante de Vietnam, seis millones de personas disponen de cuatro millones de motos.

Lo que allí llaman «crazy hour» se extiende  de 7 a 9  de la mañana y de 4 a 7 de la tarde, pero a uno le parece que dura todo el día. Las salidas y entradas a los colegios son un espectáculo de motos cargadas de madres y niños que luchan por abandonar el enjambre.

En las horas punta, impresiona ver los ríos, literalmente, de motos que entran y salen de las ciudades. Pero lo que más impresiona es que no existan horas valle. Los centros de las ciudades están abarrotados de motoristas que se mueven incansablemente de acá para allá a cualquier hora del día o de la noche.  Prohibiciones, las mínimas  Se supone que existen normas de circulación, pero el extranjero no las ve, a menos que los vietnamitas utilicen un código oculto, tipo jugador de mus. Las motos circulan como quieren, por aceras, por los mercadillos callejeros abarrotados de gente... y siempre parecen tener prioridad.   En la moto uno puede hacer la compra sin bajarse, hablar por el móvil, merendar... Está permitido que viajen un máximo de dos adultos en cualquier modelo y que lo hagan con todos los niños que quepan. Hay mamás que llevan a sus bebes colgados o entre las piernas, hay papás con tres niños en fila a su espalda agarrados unos a otros, hay niños que van en una trona de comer anclada sobre la moto, hay matrimonios que llevan a sus dos hijitos entre medias... Los motoristas deben llevar casco obligatoriamente, pero los niños no suelen usarlo.

En las horas punta, impresiona ver los ríos, literalmente, de motos que entran y salen de las ciudades. Pero lo que más impresiona es que no existan horas valle. Los centros de las ciudades están abarrotados de motoristas que se mueven incansablemente de acá para allá a cualquier hora del día o de la noche.

Motos en Vietnam - Ana Cañizal

Prohibiciones, las mínimas

Se supone que existen normas de circulación, pero el extranjero no las ve, a menos que los vietnamitas utilicen un código oculto, tipo jugador de mus. Las motos circulan como quieren, por aceras, por los mercadillos callejeros abarrotados de gente… y siempre parecen tener prioridad.
En la moto uno puede hacer la compra sin bajarse, hablar por el móvil, merendar… Está permitido que viajen un máximo de dos adultos en cualquier modelo y que lo hagan con todos los niños que quepan. Hay mamás que llevan a sus bebes colgados o entre las piernas, hay papás con tres niños en fila a su espalda agarrados unos a otros, hay niños que van en una trona de comer anclada sobre la moto, hay matrimonios que llevan a sus dos hijitos entre medias… Los motoristas deben llevar casco obligatoriamente, pero los niños no suelen usarlo.

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8o km es el máximo de velocidad en todas las carreteras del país, sin excepción, y 40 Km en las ciudades. Hay pocas señales de tráfico, muy poco control y la policía no brilla por su integridad.

El atuendo motero

En las horas punta, impresiona ver los ríos, literalmente, de motos que entran y salen de las ciudades. Pero lo que más impresiona es que no existan horas valle. Los centros de las ciudades están abarrotados de motoristas que se mueven incansablemente de acá para allá a cualquier hora del día o de la noche.  Prohibiciones, las mínimas  Se supone que existen normas de circulación, pero el extranjero no las ve, a menos que los vietnamitas utilicen un código oculto, tipo jugador de mus. Las motos circulan como quieren, por aceras, por los mercadillos callejeros abarrotados de gente... y siempre parecen tener prioridad.   En la moto uno puede hacer la compra sin bajarse, hablar por el móvil, merendar... Está permitido que viajen un máximo de dos adultos en cualquier modelo y que lo hagan con todos los niños que quepan. Hay mamás que llevan a sus bebes colgados o entre las piernas, hay papás con tres niños en fila a su espalda agarrados unos a otros, hay niños que van en una trona de comer anclada sobre la moto, hay matrimonios que llevan a sus dos hijitos entre medias... Los motoristas deben llevar casco obligatoriamente, pero los niños no suelen usarlo.

Aunque hay excepciones, prácticamente todos los adultos llevan cascos; unos son de mala calidad y otros de pésima. Los hay por dos euros. Abundan las tiendas donde venden conjuntamente cascos y sombreros, sobre todo para mujeres, con un amplio muestrario en colores vivos, flores, dibujos, incluso con un gran agujero para sacar el moño.

En las horas punta, impresiona ver los ríos, literalmente, de motos que entran y salen de las ciudades. Pero lo que más impresiona es que no existan horas valle. Los centros de las ciudades están abarrotados de motoristas que se mueven incansablemente de acá para allá a cualquier hora del día o de la noche.  Prohibiciones, las mínimas  Se supone que existen normas de circulación, pero el extranjero no las ve, a menos que los vietnamitas utilicen un código oculto, tipo jugador de mus. Las motos circulan como quieren, por aceras, por los mercadillos callejeros abarrotados de gente... y siempre parecen tener prioridad.   En la moto uno puede hacer la compra sin bajarse, hablar por el móvil, merendar... Está permitido que viajen un máximo de dos adultos en cualquier modelo y que lo hagan con todos los niños que quepan. Hay mamás que llevan a sus bebes colgados o entre las piernas, hay papás con tres niños en fila a su espalda agarrados unos a otros, hay niños que van en una trona de comer anclada sobre la moto, hay matrimonios que llevan a sus dos hijitos entre medias... Los motoristas deben llevar casco obligatoriamente, pero los niños no suelen usarlo.

A menudo, las chicas llevan un sombrero de ala ancha bajo el casco, guantes y calcetines y una sudadera ligerita, todo para protegerse del sol y conservar la piel blanca. Todo el mundo, hombres, mujeres y niños suelen llevar una mascarilla de variados estampados para protegerse de la contaminación. Las venden en cada esquina.

Motos en Vietnam - Ana Cañizal

Cómo salir indemne de Vietnam

La siniestralidad es muy alta en Vietnam, pero no tanta como cabría pensar porque entrenarse cada día en esta jungla forja increíbles conductores. Así todo, hay anuncios, campañas, carteles… que tratan de concienciar a los motoristas sobre el peligro.

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Hay que aceptar que impera la ley del más fuete. Esto es así incluso en los escasos pasos de cebra. No debemos tomarnos a mal el que nos piten, no es nada personal, lo hacen indiscriminada y constantemente.

Cuando un motorista se aproxima a un cruce, si tiene pensado girar a la izquierda, pasa al carril opuesto y circula en sentido contrario. Así que al peatón pueden lloverle motos de cualquier lado imaginable.
Miles de motos se entrecruzan unas con otras, y pitan constantemente para avisar a los peatones, los pocos ciclistas, los vendedores ambulantes y al resto de motoristas de su presencia, como si no bastara con el ruido infernal de sus motores. Jamás respetan los pasos de peatones y en los semáforos se comen los segundos finales para salir disparados antes de que se encienda la luz verde.

Los turistas que llegan a Vietnam parecen aterrados, pero la mayoría se acostumbran pronto. Para cruzar, uno debe mirar primero pero no esperar a que no vengan motos, porque entonces pasaría sus vacaciones en la misma acera. Atravesar la calle despacio resulta peligrosísimo, pero correr es aún peor, entrar en pánico y quedarse paralizado en medio de la calle puede ser el fin. El truco está en caminar a un paso constante, ni lento ni rápido, con la decisión justa y  confiando en que los magníficos conductores vietnamitas sabrán sortear, esquivar, driblar, rodear al peatón con su habitual destreza. Casi siempre es así.

Motos en Vietnam - Ana Cañizal

No parece que pueda haber una solución al caos de motos, ruido y contaminación. Las ciudades son grandes y los vietnamitas muchos. Apenas hay autobuses, pero es que tampoco podrían circular por las calles de complicado diseño, marañas de cables y arquitecturas imposibles.

Cuando llegas a Vietnam tienes la impresión de que los vietnamitas están locos; cuando te vas, tienes la certeza.