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UzbekistÁn

Viaje a Uzbekistán

La gente es amable en Uzbekistán

Los uzbekos son encantadores y, cuando se les pide permiso, se prestan a ser fotografiados sin ningún problema.

Al viajero acostumbrado a disparar su cámara a hurtadillas o a pagar por ello le sorprende que en Uzbekistán la gente se deje fotografiar encantada; incluso aquellos que miran para otro lado cuando la cámara les mira, aceptan amablemente si se les pide permiso.

A menudo, las mujeres sonríen abiertamente para mostrar su dorada dentadura, toda una inversión que quieren lucir. Luego se quedan satisfechas solo con ver su imagen en el visor de la cámara.

Tener las cejas pobladas o incluso lucir un frondoso entrecejo se considera estético entre los uzbekos de mediana y elevada edad. Las jóvenes se depilan, como en el resto del planeta, pero las mujeres mayores consideran que la superpoblación pilosa es bonita y, si la naturaleza no se la da, se la pintan.

Aparte de esto, que puede resultarnos chocante, en Uzbekistán abunda la gente guapa;  son morenos, de ojos rasgados, con pómulos muy marcados, delgados. Las chicas jóvenes suelen lucir unas preciosas y largas melenas lisas.  Pero esto no es más que una generalización, porque en este país conviven unas 100 etnias, además de los uzbekos; o sea que, como en todas partes, existe una gran diversidad.

Uzbekistán, en la Ruta de la Seda

Mucha gente cree no saber nada de Uzbekistán, pero cuando se habla de Samarkanda, una de sus bellísimas ciudades, a todo el mundo le suena. A mucha gente ni le suena Uzbekistán, o no lo distingue entre todos esos países llamados “nosequistán”, que están unos al lado de otros. Pero cuando se nombra Samarkanda, una de sus más bellas ciudades, todo el mundo exclama “¡Ah, sí!”.

Uzbekistán es un bellísimo país de Asia Central en pleno itinerario de la llamada Ruta de la Seda, esa inmensa red comercial que permitía transportar las mercancías y, sobre todo, la cultura entre Oriente y Occidente.

La Ruta de la Seda fue una vía primordial desde antes de Cristo hasta finales del siglo XV.

Esta vía llevaba la valiosa seda China hacia países que hoy conocemos como Siria, Irán, Turquía o incluso España. Por la Ruta de la Seda transitaban expertos mercaderes con sus mejores mercancías: lanas, piedras preciosas, marfil… y, por el camino, se detenían en los más importantes mercados locales.

Algunos de los más destacados centros mundiales del comercio estaban en lo que hoy es Uzbekistán, en ciudades como Khiva, Bukhara o Samarkanda. Por eso el viaje a este país garantiza hartarse (si ello es posible) de ver monumentos magníficos: mezquitas, madrazas, mausoleos y ciudades históricas patrimonio de la Humanidad.