Me largo

UzbekistÁn

Viaje a Uzbekistán

Las atroces carreteras de Uzbekistán

El lujo de la capital y sus imponentes avenidas no alcanza al resto del país. 

 La carretera de Jiva a Bujara no es que sea mala, es inexistente. En España, con toda probabilidad, una vía así estaría cortada, no se permitiría la circulación por ella. Pero en Uzbekistán es la única comunicación posible.

Por las cunetas se ven coches averiados, proliferan los vehículos remolcados, a menudo amarrados a una soga… Pero la están arreglando, al parecer.

Cuando uno se entera de que la velocidad máxima en carretera es de 90 km/h piensa que es muy poco, pero conforme pasan los días en este país se comprende que es un máximo ideal, no real: rara vez es posible alcanzar esa cota debido al lamentable estado de sus carreteras.

El firme es atroz, apenas hay señalización y uno debe resignarse a terminar con las vísceras hechas paté.

Uzbekistán es un estado policial

En Uzbekistán uno se encuentra con el ejército y otras fuerzas del orden por todas partes. 

Uzbekistán es un verdadero estado policial. Cada vez que el presidente o las autoridades se desplazan, la localidad que visitan, el itinerario para llegar a su destino, los alrededores todos permanecen sitiados sin piedad. Policías y militares, en otros momentos amables, se vuelven inflexibles y exhiben su peor carácter incluso con quienes solo desean acceder a su propio domicilio.

Quizá su presidente, Islam Karimov, que lleva 20 años en el poder, tema el contagio de la primavera árabe, y por eso impone tantas medidas de seguridad. Por ejemplo, para entrar en el metro hay que guardar la cámara de fotos, está absolutamente prohibido tomar imágenes y es obligatorio enseñar bolsos y mochilas. Eso sí, el metro está más limpio que los salones de Versalles, con pavimentos y alicatados que ya quisiera el catálogo de Porcelanosa y unas lámparas que podríamos calificar de… sorprendentes.

El país tiene un ejército desproporcionado, el más grande de Asia Central, compuesto por 40.000 soldados. El servicio militar es obligatorio solo para los hombres, y deben cumplirlo entre los 16 y los 27 años. Hasta hace poco duraba tres años, ahora ya es de uno.

El desbordamiento en el número de soldados ha llevado al Gobierno a abrir la mano con las exenciones (por gordo, por delgado, por mala visión…) y también, si uno paga 100 dólares, puede conseguir una considerable reducción: tan solo cumple un mes. 100 dólares es una cantidad elevada para muchas familias: el sueldo medio está en 300.

En Uzbekistán hay matrimonios de conveniencia

Los uzbekos son una sociedad conservadora y poco religiosa.

Aproximadamente el cincuenta por ciento de los uzbekos se casan porque hay que casarse. El matrimonio es arreglado por los padres en función de lo que crean más oportuno para sus hijos. Y muchos jóvenes aceptan sin rechistar.

Los uzbekos son musulmanes en un 90 %; el 10 % restante se lo reparten 13 confesiones,  sobre todo ortodoxos, católicos y judíos. Pero se trata de unos musulmanes muy poco practicantes. Ellos dicen que son como nosotros, que aunque la inmensa mayoría afirma ser católica, sólo unos pocos cumplen los preceptos.

El país se considera laico, y lo parece; no hay que olvidar que formaron parte de la URSS durante 67 años, hasta 1991. Las mujeres jóvenes visten como cualquier europea y tienen mucha presencia en la vida pública, a diferencia de los países musulmanes. Sin embargo, la sociedad continúa siendo muy conservadora, así que la mayoría de las jóvenes se preocupan mucho de mantenerse vírgenes hasta el día del matrimonio.