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EtiopÍa

Viaje a Etiopía

La naturaleza en Etiopía

Etiopía es un país muy montañoso que también tiene inmensos desiertos. Su diversidad hace que la fauna y la flora sean muy diferentes en las laderas, en los ríos, lagos, valles, cimas, bosques…

En Etiopía hay nueve parques naturales declarados, y viajar por el país supone encontrarse con tal riqueza natural que nos hace olvidar el mundo contaminado en el que vivimos. Cuando uno recorre cultivos, bosques, vegetación tropical, desiertos y la fascinante sabana africana, salpicada de acacias gigantes, se va topando con todo tipo de  animales, algo chocante para un europeo y más si es urbanita.

Etiopía tiene parques con reservas de elefantes, antílopes, búfalos, leones, leopardos… Pero sin necesidad de entrar en esas zonas, es fácil toparse con animales más “normales”.

Si uno sale a dar una vuelta en barco  puede ver hipopótamos o cocodrilos que no parecen impresionarse ante la excitación que causan en los turistas ni ante el respeto con el que pasan a su lado los pescadores en frágiles barcas de juncos.

Hay muchas variedades de antílopes, unos chiquitillos como mascotas y otros poderosos que corren con estrépito. Es fácil toparse con grandes y pequeños primates, generalmente descarados y curiosos. También es frecuente ver tortugas de tierra que caminan a su aire por las carreteras; y lagartos gigantescos, serpientes furtivas… Y todo esto se lo va uno encontrando con solo viajar sin prisa en un todoterreno por las polvorientos pistas de Etiopía.

Termiteros gigantes de Etiopía Al viajero novato en África le llamarán también la atención las torres de barro que salpican el paisaje, que vienen a ser una especie de edificios de dos metros o más donde viven las comunidades de termitas.

Dicen que Etiopía es el destino favorito de los ornitólogos y observadores de aves de todo el mundo. No solo porque al parecer este país tiene el mayor número de especies endémicas, sino porque cuenta con más de 400 variedades de pájaros, habitualmente muy confiados. Junto con Kenia y Tanzania, Etiopía tiene la diversidad natural más impresionante del planeta, con la ventaja de que no es un país turístico.

En Etiopía hay tribus de verdad

Existen muchas tribus diferentes que mantienen sus costumbres y su forma primitiva de vida, y no se trata de una pantomima para turistas.

Decir que Etiopía resulta sorprendente es poco. La mayoría de los turistas que viajan a este país no suelen ir al sur, porque el viaje se prolonga, la comodidad disminuye y el norte y el centro ya tienen suficientes atractivos como para satisfacer al turista más ávido de arte, cultura y exotismo.

Por eso, cuando se ofrece ampliar la estancia con un circuito de tribus, mucha gente lo rechaza y piensa que no parece muy interesante. Uno cree que, a lo sumo, podrá ver a unos cuantos individuos vestidos y adiestrados para impresionar al turista. Pero eso no es cierto.

Viaje a Omo Sur

La zona de Omo Sur, donde se asientan la mayoría de los grupos étnicos que habitan este país, resulta fascinante. Para conocer un poco más este increíble lugar es imprescindible alquilar un todoterreno y recorrer las pistas de tierra polvorienta. Cada poco, podremos parar para ver animales en libertad, magníficos paisajes o interactuar con individuos que parecen recién salidos de la máquina del tiempo.

Recorrer esta parte de Etiopía supone enamorarse de la Tierra como imaginamos que fue un día, sin ningún vestigio de modernidad. Allí no hay tendidos eléctricos, ni asfalto, ni escombros, ni basura, ni chatarra, ni plásticos… y raramente nos cruzaremos con otro vehículo a motor. Solo veremos naturaleza, animales, tribus. Hay poblados, pero son viviendas de adobe y paja. Todo es natural. Probablemente, esto sea lo más parecido al paraíso terrenal. Las condiciones de vida de esta zona no producen pena, sino fascinación.

Esto va a durar poco, porque ya empiezan a construirse carreteras asfaltadas en muchas zonas del sur. Todo el mundo tiene derecho al progreso, aunque eso implique autopistas, antenas de televisión, tráfico… La modernización traerá ventajas a las poblaciones: mejoras sanitarias, alfabetización, comunicaciones. Pero inevitablemente se perderá toda esta impresionante belleza. Así que quien pueda verlo, que se apresure: vivirá una de las mejores experiencias de su vida.

Es importante no viajar aquí en época de lluvias, porque el agua torrencial se lanza en picado desde las cumbres a los inmensos cauces y lo arrasa todo. Los caminos son cambiantes y desaparecen de un año para otro. Por eso es crucial ir en un vehículo todoterreno y con un conductor experimentado.

Las tribus de Omo Sur han sido hasta la fecha refractarias al progreso. Viven según sus tradiciones y costumbres, algunas bastante bárbaras. Incluso son ajenos a las leyes: cuando se cargan a alguien, la justicia rara vez interviene y ellos exhiben, con orgullo, que han matado a un enemigo.

Hay muchas tribus diferentes. Podemos verlos por las pistas, guiando a sus ganados, yendo a por agua, en los mercados, en sus bares al aire libre… haciendo su vida.

Hay otro grupo de tribus que han aprendido a vivir de los turistas. Los guías llevan al poblado a los sorprendidos extranjeros y los miembros de la tribu piden dinero por dejarse hacer una foto. Si uno está interesado, negocia el precio y dispara.

Gente que uno no se encuentra todos los días

Entre los grupos más raros que uno puede ver están los mursi. Las mujeres se hacen un agujerito bajo el labio inferior y lo van agrandando poco a poco hasta acabar haciéndose tan grande como para colocarse un plato de barro de 15 cm de diámetro. Produce grima verlo. Además, casi nunca tienen el plato puesto, o sea, que llevan ese aro de labio colgando, que parece incómodo y que dificulta el habla, que se supone peligroso si se engancha y que resulta bastante antiestético, incluso dicen que para ellos mismos. Afirman que lo hacen desde siempre, con el fin de que los enemigos no les roben a sus mujeres, y que en aquellos tristes tiempos en los que había esclavitud, la deformación las salvaba de los traficantes de humanos. Dicen también que ellos siempre hacen el amor con la mujer de espaldas, para no ver su boca. Pero los etíopes dicen muchas cosas y nunca se sabe si son verdad.

Los hombres mursi luchan, literalmente, para casarse. Antes llegaban a la muerte. Ahora «solo» se dan de palos hasta que uno ser rinde y las chicas se rifan al ganador.

Hay más de 10 tribus solo en esta zona, algunas formadas por 500 personas y otras por más de 100.000, aunque no es fácil saber con exactitud su número porque como se ve pasan de todo y no hay forma de registrarlos.

Entre las tribus más populares están los hamer, que son unos 35.000. En sus ceremonias para elegir pareja, los hombres zurran a las mujeres con una vara hasta hacerles sangre, pero ellas aseguran que les encanta, que lo hacen en señal de amor por su hombre y  que les gusta provocarles para que les peguen más fuerte.

Sus costumbres resultan bastante brutales para nosotros. La mayoría lucen cicatrices y escarificaciones hechas con fines estéticos, para decorar su piel. Pero también en occidente mucha gente se taladra con piercings y se somete a dolorosos tatuajes, ¿no?

Hay tribus nómadas, que viajan con miles de cabezas de ganado; otras se han establecido y viven de la agricultura y la miel. Generalmente son amables y sienten tanta curiosidad por nosotros como nosotros por ellos. Algunos nos desprecian, los hay que nos ignoran. Normalmente podremos comunicarnos con ellos, más con sonrisas y risas que con palabras: es difícil entenderse porque en la región de Omo hablan omótico (para nosotros más desconocido que el chino)  y con más de diez dialectos regionales.

Unos son violentos y otros pacíficos, pero, tranquilos, que nunca son agresivos con los turistas.

Cabe suponer que sus condiciones de vida no serán fáciles y, sin embargo, pocos de ellos eligen la civilización. Desde hace miles de años, prefieren vivir de acuerdo con sus tradiciones.

Los castillos de Góndar, una de las sorpresas de Etiopía

La mayoría de los españoles sabemos poco de Etiopía. Por eso nos sorprende viajar tantos kilómetros para encontrarnos de repente como si estuviéramos en Cáceres o algo parecido. 

Góndar podría recordar a algunas regiones españolas. Tiene un recinto amurallado repleto de castillos del siglo XVII, con sus almenas y todo, túneles y pasadizos.

En pleno centro de Góndar está el Recinto Real o Fasil Ghebbi, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1979. La zona amurallada cuenta con seis castillos de piedra, de estilo portugués, de inspiración axumita o con influencias indias.

Algunos son enormes, otros más modestos, los hay más y menos lujosos, peor y mejor conservados. El castillo más grande es el de Fasilidas, el emperador que fundó Góndar. Los sucesivos mandatarios también se hicieron construir su propio castillo para no ser menos y también otras dependencias como un edificio para archivo, jaulas para leones, establos, salones para banquetes… Dentro del conjunto se conservan tres iglesias.

Cerca de allí están los llamados baños de Fasilidas, una encantadora edificación en medio de un estanque que pudo ser la segunda residencia del emperador o su lugar de veraneo. Hoy se usa para las celebraciones del Timkat; el agua se bendice y se esparce entre los asistentes.

Castillos e iglesias, como en España

Etiopía tiene muchas iglesias. Solo en la región de Góndar dicen que se pueden contar 44, pero de estas hay una más importante y, cómo no, con leyenda. Es Debre Birhan Selassie, fundada en 1690, la única que quedó intacta tras el ataque de facciones sudanesas en 1888. Cuando le iba a tocar el saqueo, un enjambre de abejas descendió del techo e intervino haciendo que las tropas enemigas salieran corriendo. Paralelamente, el arcángel San Miguel protegió la puerta con su espada de fuego.

El interior de esta iglesia es muy interesante, pero aparte de las imágenes superior e inferior, el resto tengo que contarlo porque no se permite utilizar flash, apenas hay luz, no llevaba trípode y no fui capaz de hacer buenas fotos. Las paredes están todas decoradas con pinturas. El techo tiene 80 caras de ángeles, hay un terrorífico demonio entre llamas, una imagen de Mahoma guiado por el diablo, un Cristo crucificado y mezcla de escenas bíblicas, de los mártires cristianos y por supuesto de los emperadores, que a menudo se codean con todos los santos dentro de las iglesias etíopes.

La ciudad moderna

Góndar fue capital de Etiopía durante 250 años, desde principios del siglo XVII, en un periodo bastante agitado. Hoy es una ciudad tranquila, la cuarta de Etiopía, con unos 200.000 habitantes, y una de las más turísticas. Está a 2.120 m de altitud, en una zona muy montañosa, y todavía conserva en sus edificios un aire de la ocupación italiana que sufrió entre 1936 y 1941.

Es un sitio agradable, donde abundan los comercios y cafés con terracitas. Así que, si es posible, está bien quedarse por aquí, degustar su magnífico café o  tomar alguna de sus estupendas marcas de cerveza local.