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Armenia

Viaje a Armenia

El genocidio armenio

Millón y medido de armenios fueron aniquilados entre 1915 y 1917 en una matanza sistemática y organizada por el imperio otomano.

Algunos saben que Armenia fue la patria de Khachaturian, el genial músico, compositor y director del siglo XX; que también es el origen de Charles Aznavour, igual que el de Ara Malikian, afincado hoy en Madrid. En Armenia viven poco más de tres millones, pero se calcula que hay más de diez millones dispersos por el mundo. Fuera de casa pero con fuertes vínculos de identidad nacional, porque otro de sus símbolos es la granada, que representa la unión de todos ellos, estén donde estén.

Un museo incómodo

El imperio otomano es responsable de perpetrar una matanza organizada contra el pueblo armenio entre 1915 y 1917. Millón y medido fueron aniquilados. Para conmemorar este doloroso pasado, Armenia ha erigido un monumento impresionante y un Museo del Genocidio que, como muestra de respeto y reconocimiento, y también como justicia histórica, conviene visitar.


Qué ver en Armenia

 Más de 4.000 monumentos forman parte del riquísimo patrimonio armenio.

Armenia fue el primer país del mundo en declarar el cristianismo como religión oficial del estado. Lo hizo en el remoto año de 301. Gracias a ello, conserva unas iglesias y monasterios impresionantes que fascinarán tanto al turista más ateo como al más devoto.

Sorprende la catedral principal, del siglo IV, dedicada a San Gregorio el Iluminador, y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. No hay que perderse la iglesia de Santa Hripsime, del siglo VII, con el encanto y las diferencias de la religión cristiana apostólica imperante en Armenia, sus muchas velas siempre prendidas y la ausencia de asientos.

Y luego están los numerosos monasterios ubicados en los lugares más hermosos que uno pueda imaginar, como el de Khor Virap, del siglo IV, un destino de peregrinación para los armenios donde estuvo encarcelado San Gregorio en una mazmorra que le impedía disfrutar de las ventanas privilegiadas que dan al monte Ararat. O el monasterio de Noravank, del XIII, que surge con su aire medieval al final de la impresionante garganta que forma uno de los muchos ríos alocados que corren por Armenia. Y hay que visitar el monasterio de Sevan, junto a un lago de montaña de los más grandes del mundo, a 2.000 metros sobre el nivel del mar. Nos emociona también el monasterio de Geghard, fundado en el siglo IV, excavado en la roca, con multitud de curiosos relieves, rodeado de escarpadas paredes de piedra.

Hay templos paganos, como el grecorromano de Garni, quizá del siglo I, Patrimonio Mundial, con baños romanos y delicados mosaicos. Y podríamos seguir detallando lugares hasta dormir al lector, que no al viajero, a menudo boquiabierto ante la riqueza cultural de Armenia.

Un patrimonio impresionante

Una visita obligada: el Museo de Manuscritos Antiguos que contiene más de 14.000 joyas. Igualmente en la capital, Ereván, está el Museo de Historia Antigua, muy interesante, pero que es imprescindible visitar con guía si uno pretende enterarse de algo, puesto que muchos letreros solamente figuran en armenio.

Su Galería Nacional está considerada la tercera en importancia de las formadas por la Unión Soviética, con más de 20.000 pinturas representativas de todos los países y períodos.

La historia dice que el territorio armenio fue uno de los primeros asentamientos humanos. O sea, que tiene arte podríamos decir que para aburrir, si no fuera porque es imposible no sentirse maravillado ante su patrimonio, con más de 4.000 monumentos.

Armenia para todos los gustos

Es un país que no defrauda a ningún viajero, en Armenia todo es atractivo.

Los viajeros menos dados al turismo llamado “cultural” tienen otros muchos atractivos, como la degustación de su brandy, que los entendidos califican de extraordinario, y a un precio baratísimo.

Hay una formidable gastronomía, con una cocina que modernamente se llamaría de fusión entre la mediterránea, la oriental y la caucásica, con ricos quesos y yogures, exóticas especias, verduras y hortalizas, albaricoques secos (que ellos llaman “la fruta armenia”), barbacoas de cordero, pollo, ternera o pescado (de río o criadero)… y el pan nacional, el lavash, una fina hoja que puede alcanzar hasta un metro de largo, exquisita.

Elaboración de lavash, el delicioso pan armenio

Viajar por el país contemplando sus paisajes es ya aliciente más que sobrado. Predominan las altísimas montañas, el color verde y los ríos rápidos. También hay zonas de estepa, pero abundan los valles fértiles donde cultivan todo tipo de productos agrícolas, excepto cítricos. Tienen minas de cobre, hierro, plata y algo de oro. Su clima es continental: bastante frío en invierno (con una temperatura media de 0 º C) y caluroso en sus cortos veranos. El paisaje armenio es muy variado, máxime teniendo en cuenta su pequeña extensión, similar a la de Galicia.

 

La capital, Ereván, es una ciudad moderna, con plazas espaciosas, grandes avenidas y comercios lujosos, nada que recuerde ya a cuando Armenia formaba parte de la URSS. Hay agradables cafés, terrazas espaciosas y lujosas donde degustar sus marcas de cerveza local y buenos restaurantes ¡donde aún está permitido fumar! Tan solo un puñado de monumentos tienen el inconfundible sello comunista, pesado, mazacote, gris.

Cuando se viaja por el país se observa un mundo tranquilo, salpicado con vacas, explotaciones agrícolas, pequeños pueblos y, de vez en cuando, aquí y allá, alguna industria abandonada que nadie se ha ocupado de desmantelar tras el desmoronamiento de la Unión Soviética, lo que pone un toque inquietante al decorado.